Diócesis de Pensacola–Tallahassee
“Una Iglesia, Muchos Pueblos, Una Misión”
Antes de que existieran las naciones, idiomas, o culturas, ya existía el eterno deseo del Padre de reunir a todos los pueblos en una comunión consigo mismo a través de su Hijo, Jesucristo. Toda la historia de la salvación se desarrolla desde ese singular propósito. Desde Abrahán a Israel, desde los profetas hasta Pentecostés, Dios jamás desistió de atraer a la humanidad hacia una sola familia. El día de Pentecostés, esa promesa se hizo visible cuando los miembros de muchas naciones aceptaron el Evangelio proclamado en sus propios idiomas. El milagro no fue que las culturas desaparecieran, fue que todas las culturas se unieron en Cristo. La diversidad no fue abolida; se hizo comunión.
Ese mismo misterio continúa hoy en la Diócesis de Pensacola-Tallahassee. Nuestros hermanos y hermanas hispanos provienen de diversos países y culturas, trayendo consigo una fe profunda, una vida familiar sólida, tradiciones vibrantes, y dones que enriquecen a toda la Iglesia. Estos dones no son simplemente tesoros que debemos preservar, son tradiciones vivas a través de las cuales la fe católica has sido recibida y transmitida de generación en generación. Frecuentemente, el idioma, la vida familiar, las devociones populares, las artes sagradas, la música, las fiestas y las costumbres se convierten en formas en que las personas recuerdan la obra salvadora de Dios y con las que se encuentran con Cristo. Una asimilación que abandona estas tradiciones vivas puede debilitar involuntariamente la transmisión de la fe, mientras que el aislamiento cultural disminuye la unidad a la que Cristo llama a su Iglesia.
Cuando los católicos hispanos aportan estos dones a la vida de la Diócesis, toda la Iglesia se enriquece. La Iglesia llama “inculturación” a esta relación viva entre el Evangelio y la cultura. En otras palabras: la fe echa raíces en un pueblo y se expresa a través de su cultura. Entretanto, el Evangelio acepta lo bueno, purifica lo incompatible con Cristo y exalta esos dones culturales para que encuentren su máxima expresión en él.
Por ende, el Ministerio Hispano, busca mucho más que preservar una cultura o simplemente proveer servicios en español. Su misión es la de ayudar a cada católico hispano a encontrarse con Jesucristo, convertirse en su discípulo, participar plenamente en la vida sacramental y comunitaria de la Iglesia, y descubrir que cada persona tiene su propio rol en la misión salvífica de Cristo. Esta visión diocesana, Creciendo como Discípulos, Viviendo como Apóstoles, le pertenece de la misma manera a cada miembro de la Iglesia. El Ministerio Hispano comparte plenamente esta visión ayudando a creyentes a convertirse en discípulos misioneros. Un discípulo misionero es alguien que sigue a Jesús tan cercanamente que naturalmente se compromete a ayudar a otros a conocer, amar, y seguirlo. Todo encuentro autentico con Cristo es naturalmente una invitación a que otra persona lo encuentre también.
Todo comienza con un Encuentro. Antes de desarrollar estrategias, antes de organizar ministerios, antes de formular planes, Cristo nos llama a él. Toda renovación duradera en la Iglesia empieza con una verdadera conversión de corazón. Los programas pueden informar a la mente, pero solo Cristo vivo puede transformar una vida. Por eso, el Ministerio Hispano busca guiar a los creyentes a una relación viva con Jesús a través de las Sagradas Escrituras, la oración, la Eucaristía, los Sacramentos, y la práctica diaria de la vida cristiana. Todo retiro, Estudio bíblico, programa catequético, devoción, evento parroquial, y actos de servicio deben tener como fin ayudar a que las personas conozcan a Cristo de manera más profunda y seguirlo de manera más fiel.
Mediante la conversión y la formación, este encuentro lleva a los creyentes a un camino de discipulado cristiano que dura toda la vida. A medida en que las personas se acercan más a Cristo, empiezan a desear lo que él desea. La fe ya no es algo que simplemente se recibe; se convierte en algo experimentado con alegría, y lo cual se comparte con generosidad. Los niños, jóvenes, jóvenes adultos, esposos, padres, solteros, y ancianos, todos continúan a crecer a través de sus vidas siendo discípulos de Jesús. La familia se convierte en la primera escuela de fe donde los padres introducen a sus hijos a Cristo a través de la oración, su testimonio, el perdón, la generosidad, y el amor. La restauración del orden propicio de los Sacramentos de Iniciación nos ofrece una nueva oportunidad para fortalecer este enfoque centrado en la familia al reafirmar a los padres como los educadores primarios de sus hijos en la fe, mientras que la parroquia los acompaña y apoya. Ya sea a través de la pastoral juvenil, las escuelas católicas, la preparación matrimonial, la formación en la fe para adultos o los movimientos eclesiales, cada ministerio contribuye a un camino de discipulado continuo. El éxito no se mide por la cantidad de programas ofrecidos, sino por la cantidad de vidas transformadas y discípulos que comienzan a acompañar a otros en el camino hacia Cristo.
El Discipulado nos lleva naturalmente a la comunión. La Eucaristía reúne a muchos en un solo Cuerpo y revela nuestra más profunda identidad. Antes de pertenecer a una nación o cultura, nosotros pertenecemos a Cristo. A través del Bautismo nos hacemos miembros de una familia. Por esta razón, el Ministerio Hispano fortalece la unidad de la vida parroquial. El lenguaje y la cultura merecen todo el respeto, aprecio, y sensibilidad pastoral; sin embargo, siempre deben estar al servicio de la comunión. Las distintas tradiciones se enriquecen unas a otras y revelan de manera más plena la belleza de la Iglesia universal. Cuando feligreses hispanos y no-hispanos oran, sirven, celebran, y crecen juntos, la parroquia misma se convierte en testimonio viviente que Cristo continua a unir a todos los pueblos en una familia. Por consiguiente, una autentica inculturación debe servir a la comunión: permitiendo que el Evangelio eche raíces dentro de las distintas culturas y, al mismo tiempo, la integración de sus dones para lograr una unidad más profunda en la Iglesia.
La Comunión siempre nos lleva a la misión. Todo discípulo es enviado. Los católicos hispanos no son meramente los recipientes de un cuidado pastoral, son compañeros indispensables en la misión de la Iglesia. El Espíritu Santo continua a suscitar líderes como catequistas, evangelistas, líderes de jóvenes, esposos, diáconos, sacerdotes, religiosos, cuyos dones y compromiso con la evangelización fortalecen la vida de cada parroquia y a la Iglesia Universal. Debemos continuar a darle una atención particular al acompañamiento de las familias, apoyo a los jóvenes, a darle la bienvenida a los migrantes, a servir a los pobres, al cuidado de los marginados, y a la promoción de vocaciones al matrimonio, al diaconado, a la vida religiosa y al sacerdocio. Estos ministerios proclaman el Evangelio no solo a través de palabras, pero a través de sus vidas, dando testimonio fiel y derrochando generosidad y amor.
La Diócesis de Pensacola–Tallahassee ha sido bendecida por el crecimiento de una comunidad hispana cuya fe, generosidad, y riqueza cultural son dones encomendados a toda la Iglesia. Este crecimiento no presenta simplemente un problema de cómo responder a las nuevas necesidades pastorales de la comunidad, es, en realidad, una extraordinaria oportunidad de renovación para cada parroquia. El éxito del Ministerio Hispano no será medido primariamente por el numero de reuniones, los planes preparados, o los programas que organicemos; será medido por las vidas transformadas por un encuentro con Jesucristo, por las familias fortalecidas por la fe, por las vocaciones generosamente acogidas, por las culturas unidas en una comunión genuina, y por parroquias renovadas por el compromiso de algunos simples discípulos que llevaron a cabo la extraordinaria misión que la Iglesia les encomendó. Juntos, bajo el liderazgo de nuestro Obispo, sigamos construyendo comunidades donde cada persona sea bienvenida, cada familia sea acompañada, cada discípulo sea formado, y cada creyente sea enviado. Que, reunidos alrededor de la mesa Eucarística y fortalecidos por el Espíritu Santo, sigamos caminando como una familia diocesana—creciendo como discípulos, viviendo como apóstoles, e invitando a cada persona a descubrir la alegría de pertenecer a Jesucristo y su Iglesia.
1 – Colaborando en la Misión Una Guía Pastoral para Líderes del Ministerio Hispano
Diócesis de Pensacola–Tallahassee